domingo, 28 de julio de 2013

LOBEZNO INMORTAL: A BUEN CONOCEDOR...



















Si algo muestran en común la mayoría de quienes firman críticas de la última entrega del mutante de las garras es que no conocen debidamente al personaje, a diferencia de servidor, que lo vio nacer en directo, hace ya como unos 30 años, en El Increíble Hulk, repartiendo mamporros al coloso verde y al Wendigo, cuando nadie podía sospechar el éxito del personaje. Por eso la crítica de guardia no ha reparado en que el film adapta (con amplia libertad, eso sí) la novela gráfica foirmada por Miller y Janson a mediados de los 80, donde puede toparse todo lo que ahora aparece en la gran pantalla, aunque, patentemente, con mayor brillantez y solvencia. Infórmense ustedes antes de escribir, pues, caballeros.

Yendo ya al grano, la nueva entrega del amigo Wolverine ofrece un buen rato de diversión sin complicaciones, aunque falta un grado más de refinamiento en el guión, que peca de tosco por momentos.

Por resumir, si Lobezno es inmortal no será por esta película, aunque, todo sea dicho, tampoco da razones para anhelar su olvido inmediato, como otras entregas superheroicas. Aprobado a secas, pues, para el film, al que faltan galones para aspirar a nota.

martes, 7 de mayo de 2013

OBLIVION: BUENOS MIMBRES EN MALAS MANOS



















Oblivion es el enésimo ejemplo de proyecto prometedor que fracasa a manos del déficit de talento. Y es que  la historia contiene elementos que, debidamente gestionados, hubieran podido dar para mucho. Pero en poder de incompetentes no puede sacarse petróleo ni de una gasolinera. Así que lo que pudiera haber sido una bien llevada trama de clones abducidos hacia una realidad ficticia (idea, por cierto, claramente legataria de la (esta sí) talentosa "Moon") se resuelve en una colección de tópicos donde los momentos estrella se diluyen en el pésimo (como casi siempre) desempeño del colega Tom Cruise.

Y eso que, atención, el Director del invento resulta ser el autor de la novela gráfica que inspira el guión, versión fílmica de Saturno devorando a su hijo que les costará en taquilla más de lo que este conato merece.   

IRON MAN 3: HOJALATA A GO GO



















La tentativa de continuar la exitosa franquicia Iron Man puesta en pie por Jon Favreau fracasa en la tercera entrega, tan pronto como el Director pone pies en polvorosa y pasa los bártulos a un amiguete. De las dos horas de metraje, apenas una cuarta parte se ocupan por el héroe de la armadura. El resto se rellena con las cuitas psicológicas de su alter ego, Toni Stark, que, francamente, a nadie que vaya a ver un film de superhéroes pueden interesar. En el origen del patinazo, por supuesto, además de un Director sin galones, un guión que no es oro, plata o siquiera hierro, sino hojalata barata.

Mal, pues, este tercer hombre de hierro, que termina siendo de plomo y pidiendo a gritos un bien merecido desguace.  

viernes, 22 de febrero de 2013

THE MASTER: MASTER DEL COÑAZO
















Que los actores luzcan bien en una película es (qué duda cabe) cuestión que mejora el resultado final. Pero hacer una película con el exclusivo objeto de lucir a sus protas es ya otra cosa. Y, en el caso de "The Master", una cosa terrible, porque el amigo Paul Thomas Anderson ha fabricado, sin otro propósito que dar cancha a los señores Phoenix y Hoffman, un tremendo pestiño, capaz de dormir al más pintado. El guión de este invento tiene un interés fácilmente cuantificable: cero. Y es que las anodinas chorradas del líder de una secta de retrasados mentales no dan para más cuando uno se pone trascendente (cosa distinta sería si la cosa tirase hacia la comedia). Pero es que, por si no fuera bastante, ni Phoenix ni Hoffman lucen como para tirar cohetes. El primero hace su papel de siempre, es decir, desequilibrado emocional pasado de vueltas. Y el segundo, lo mismo, con la mitad del metraje poniendo la sonrisa cínica que es marca de la casa, pero que ya está muy vista, hijo mío. 

Sólo recomendable para graves problemas de insomnio o para unirse al coro de necios que no se cansar de cantar sus excelencias, en plan entendidos. 

LA NOCHE MÁS OSCURA: ASUNTO NADA CLARO



















Si el anterior film de Ms. Kathryn Bigelow (la increíblemente oscarizada "En tierra hostil") dejaba frío, su narración fílmica de la caza y captura de Bin Laden sigue idéntica estela. En un tono documental que contribuye a aumentar la asepsia (en el mal sentido) con que discurre el invento, la ex de James Cameron nos cuenta una historia que nunca termina de enganchar, de emocionar ni de implicar al respetable, que abandonará la sala como quién ha asistido a una clase de anatomía. 

Nada especialmente remarcable (ni por lo bueno ni por lo malo) puede, en suma, decirse de este gris relato, que, por no inspirar, ni siquiera lo hace con esta crónica. Así que si no es ésta la hora más oscura de este blog, cerca le anda, por cortesía de este gran muermo.

miércoles, 16 de enero de 2013

DJANGO DESENCADENADO: QUÉ CRUZ...



















Como la cosa no merece más tiempo del que merece, baste decir que la última criatura de Tarantino es más de lo mismo, aunque con la agravante de un guión que se sale muy por arriba en la escala de la oligofrenia. Violencia absurda y gratuita, una historia propia de una novelucha de euro y medio y exasperantes e inacabables diálogos componen el infame conjunto de la última tarantinada. O sea que más de lo mismo, como se adelantó.

Así pues, lo único que desencadenará este producto, si llega a cometer la imprudencia de visionarlo, es su  furor y su irritación. Y si no quieren que a eso se sume la impresión de haber sido de nuevo estafados, les recomiendo que, de tener el tiempo y la paciencia necesarios para aguantar un pase, ni se les ocurra acudir a una sala de cine. Streamig por Internet y a otra cosa, que esta basura no valdría ni el precio de las chuches imprescindibles para aliviar el trago. 

Por cierto, "Django..." está nominada al Oscar...Qué bajo puede usted caer, dear uncle.             

LA VIDA DE PI: AL FINAL DEL AÑO, LO MEJOR DE LA DÉCADA




















Quien quiera ver una obra maestra no puede hacer mejor inversión que pagar una entrada para "La vida de Pi". Y es que con ese único ticket podrá degustar dos por el precio de una.

La primera, que ocupa los ciento diez minutos iniciales del metraje, es una deslumbrante cinta de aventuras, ataviada con uno de los más brillantes despliegues visuales de la historia del cine, que mantendrá al afortunado espectador pegado al asiento durante una hora y cincuenta minutos preguntándose qué va a suceder a continuación. La única pega es que su  avance desafía progresivamente la credulidad del espectador. Pero es entonces cuando el desenlace llega al rescate, dando sentido y coherencia al film y transformándolo en algo totalmente diferente. 

Porque ni "La vida de Pi" ni el libro de Yann Martel que Ang Lee lleva con maestría a la gran pantalla versan, en realidad, sobre la aventuras de un náufrago Pi y su tigre de Bengala. Son una reflexión de asombrosa profundidad sobre el origen y la naturaleza de las religiones. Tras haber abrazado el hinduismo, el cristianismo y el islam, Pi, ante su descenso a los infiernos, se ve obligado a  fabricar su propia mitología, una increíble gesta de tigres, cebras, orangutanes e islas perdidas en el mar que sustituye a la historia de degradación, muerte homicida y canibalismo que se inicia tras su naufragio. Lee (superando los titubeos del libro) disecciona así, con la precisión de un bisturí, la esencia de una religión: una fabulación que edulcora con leyendas las partes más cruentas e indigeribles de la existencia humana. Inexplicablemente, por cierto, hay quien ha visto en el film un ejercicio de proselitismo religioso. Muestra evidente de no haberlo entendido bien.

"La vida de Pi" (el nombre es todo un guiño: "pi" es el número irracional por excelencia) es la mejor película del año 2.012 y de la década iniciada en 2.010. Una obra maestra que debe mucha de su grandeza al libro de Martel, una lectura altamente recomendable para atar del todo los cabos de este magnífico conjunto. 

Fabulosa. Ahora, la pelota queda en el tejado de los mastuerzos hollywoodenses, de los que puede esperarse cualquier cosa.